El viernes discutíamos con unos compañeros sobre los nombres (uno de ellos será papá en abril).

Éste debe ser uno de mis temas de conversación favoritos. Por lo que he llegado a varias conclusiones, que también son bastantes obvias: es bastante mala idea llamar a una cría con un nombre extraño, sobre todo si provocará menoscabo; qué sentido tiene llamarse Maximiliano o Constanza, si NADIE les dice así; lo último, las modas son pasajeras, y dependiendo de la edad, te tropezarás a cada rato con los mismos nombres, como la mayoría de los hombres de mi edad (24) se llaman Nicolás, Sebastián o Daniel, y su segundo nombre, con mucha certeza, es Andrés.

¿Te llamas así? ¿Es ese tu segundo nombre? Tus padres seguramente siguen las tendencias, por lo que también debes haber utilizado ropa de colores cítricos en algún momento de los noventa.

Es fácil echar mano a estadísticas de cuáles son los nombres más comunes de niñas y niños en Chile. Pero ahora te dejaré una pequeña joyita: los nombres más comunes en la Alemania de 1675 Sí, está bien, aún no existía ese país en esa época, pero existía algo-así-como-Alemania que llevaba un “registro de almas”. Las chicas respondían a Anna, Grete, Greshe y Frowe. Lo más repetido para los tipos era Johann, Hinrich, Gerd y Hayo. Nada de Otto o Fritz.

Hoy en Alemania los más comunes son Leon, Lukas y Jonas para los niños y Leoni, Lena y Anna (sobrevivió 4 siglos) para las nenas.

En este cuadro se ve la evolución del nombre Adolf. Bastante decadente a finales de los veinte, pero que en los treinta vivió un extraño revivir, para luego caer al precipicio de la impopularidad.   Ja.

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